Algunas apreciaciones sobre cultura y política cultural en la Provincia de Buenos Aires.



Compartimos la presentación realizada por Ezequiel Grimson, subsecretario de Políticas Culturales del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires el pasado 28 de febrero en el marco del Primer Simposio: Orquestas Infantiles y Juveniles como instrumentos de educación ciudadana y promoción humana:


La provincia de Buenos Aires está preparada para que sus políticas culturales tomen un nuevo impulso, con nuevos compromisos con la creación artística, con el cuidado del patrimonio, con la investigación de su compleja historia y con el estímulo para que surjan nuevas obras que cubran el vasto arco que va desde lo local a lo universalista. Iniciamos nuestra tarea en el reconocimiento de la vitalidad del territorio, que no es un mero asentamiento, sino un entramado social que habla con signos elocuentes de la cultura, la historia, el paisaje y la invención de modos de existencia colectiva.


Vivimos este momento con expectativas por una generalizada mejora, a partir de la decisión del Gobierno de la Provincia de asumir la inversión en el campo de la cultura y el cuidado del patrimonio común, como una obligación irrenunciable del Estado y como un derecho de las y los bonaerenses.


En ese sentido, el punto de partida insoslayable de nuestra tarea por venir se encuentra, entonces, en la prolongada y diversa historia de creaciones y expresiones culturales que ha transcurrido y transcurre en nuestra tierra.


Sabemos que la historia cultural de Buenos Aires comienza con los pueblos originarios que habitaron y habitan su actual territorio. No se puede seguir insistiendo con narraciones, en pasado o en presente, que excluyan la cultura, las prácticas, y los modos de vida de las comunidades querandíes, mapuches, guaraníes, quechuas, quom y coyas, entre otras. Somos conscientes de que heredamos una historia compuesta por múltiples historias, que somos el resultado de siglos de migraciones, internas y externas, de comunidades diversas, que llegaron a estas pampas buscando mejores tierras o nuevas oportunidades, escapando de guerras, de la desocupación, y de grandes hambrunas. Concebimos nuestra provincia como una original confluencia de culturas que la ponen diariamente en tensión. De esa ebullición surge su capacidad de crear el horizonte común que dirige nuestra atención a pensar la vida cultural como el nivel más alto del pensamiento de las sociedades caracterizadas por la inquietud, la vivacidad de las diferencias y el modo inédito en que se cruzan tantas vetas heterogéneas.


Estamos en la tierra donde Esteban Echeverría y Rafael Obligado escribieron algunos de los más grandes poemas de la literatura nacional. Donde Pedro de Angelis primero, y Ricardo Levene después, constituyeron algunos de los principales archivos de nuestra historia.


Aquí en Buenos Aires nacieron, vivieron, o desenvolvieron parte importante de su acción creadora, Ricardo Güiraldes y Silvina y Victoria Ocampo, Alfonsina Storni y Leónidas Lamborghini, José Hernández y Alejandra Pizarnik, María Elena Walsh y Atahualpa Yupanqui, Emilio Pettoruti y Aurora Venturini, entre muchos otros escritores y artistas. Sus obras son un legado común del que todas las y los bonaerenses podemos sentirnos orgullosos.


Pablo o la vida en las pampas, la novela de Eduarda Mansilla, transcurre en estos territorios, hace ya casi dos siglos. En un casco de estancia bonaerense, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares concibieron algunos de sus más inspirados relatos.


En Mar del Plata nació Astor Piazzolla, y en su homenaje la sala principal del Centro Provincial de las Artes Teatro Auditorium lleva su nombre. Esa sala no dejará de vibrar con sus armonías sincopadas. De tierras mercedinas es oriundo Roberto Payró, en Bahía Blanca fundó el periódico La Tribuna y en Lomas de Zamora se atesora hoy su biblioteca personal en una Sociedad Popular de Educación.


Nuestro Delta del Paraná fue escenario de inspiración para muchos artistas y políticos. Allí construyó su casa bonaerense Domingo Faustino Sarmiento, donde escribió sus textos idílicos sobre el Carapachay, allí también se instaló a pintar e inventar nuevos lenguajes Alejandro Xul Solar, y en sus islas compusieron algunos de sus escritos fundamentales Haroldo Conti y Rodolfo Walsh. En una quinta de Don Torcuato, David Alfaro Siqueiros pintó un mural único que hoy podemos ver en el Museo del Bicentenario, y en San Miguel hubo estudios de cine en los que se lucieron las grandes estrellas.


Nuestra provincia es origen de la cultura gauchesca, desde la doma al Martín Fierro, de la payada al folklore surero. Tiene el ritmo de la milonga pero también el de las cumbias que sacuden los barrios y el de las murgas que templan los carnavales. Habitamos los campos de Juan Moreira inmortalizados por Eduardo Gutiérrez. Los mismos campos en los que el mismo Moreira estuvo asociado al nacimiento y desarrollo del circo y el teatro criollo.


Si observamos los nombres que tienen muchos pueblos y ciudades de nuestra provincia, podemos darnos una idea, tanto de la tarea que comenzamos como de las preguntas que aún hoy nos convocan. Ya sabemos que una historia acumula varias capas de tiempo y se presta al juego infinito de los juicios de valor, contradictorios entre sí. Pero si vemos en una simple enumeración nombres de parajes y poblaciones, encontraremos nombres indígenas, que por suerte subsisten, como Trenque Lauquen, Chascomús, Tapalqué, Pehuajó, Guaminí, Tandil y también nombres de militares como Belgrano, Dorrego, Olavarría, Villegas, Alvarado, Pueyrredón, Pringles, Lamadrid, Necochea, Lavalle, Balcarce, cada uno con diversa actuación y significado. Podemos encontrar también a dos presidentes americanos, Lincoln, nombre que se pone cuando el presidente norteamericano es víctima de un atentado fatal, y Benito Juárez, homenaje al presidente mexicano que lideró la reacción contra la invasión de su patria. No faltan tampoco nombres de estancieros, próceres notorios como Castelli, Laprida y Saavedra, Almirante Brown, Avellaneda, San Martín y Rivadavia, y otros nombres que se dirigieron a interrogar la naturaleza o el lugar territorial que les incumbe, como La Costa, Ensenada, Pinamar y Mar del Plata. Hacia el Sur, la Provincia registra Villarino y Carmen de Patagones, nombres también históricos, referidos al piloto y a la embarcación que hacia el final del siglo XIX recorría todas esas tierras hasta llegar a Santa Cruz. La ruta de este mapa es una invitación a investigar distintos planos históricos, y dejar que el territorio revele su voz contradictoria. En los pueblos que llevan los nombres de los militares que recorrieron estas tierras, luego de que quedara sin efecto la zanja de Alsina, han nacido grandes escritores como Manuel Puig, en General Villegas, y es reconocida la ciudad de Coronel Pringles por haber sido la cuna de notables novelistas y poetas argentinos de nuestra actualidad, como César Aira y Arturo Carrera.


Nos sentimos honrados por las obras que desarrollaron y desarrollan las mujeres y los hombres que habitan nuestro suelo, por las creaciones producidas por las diversas comunidades que nos constituyen, en cada rincón de nuestra patria, en cada uno de los momentos de nuestra historia común. En Bahía Blanca, el Museo del Puerto y Ferrowhite encararon la tarea de construir una memoria comunitaria capaz de reconocer la heterogeneidad de cada territorio y la fuerza de la cultura obrera. Esas experiencias de reconstrucción, que no son solo de rememoración del pasado sino apuestas a la disputa por el sentido de los lazos sociales, deben ser multiplicadas, porque en ellas se trama de nuevo lo común, como se lo hace en las nuevas experiencias de militancia que articulan los feminismos.


En los últimos años es público el reconocimiento a la obra arquitectónica de Francisco Salamone, egresado de las universidades nacionales de La Plata y Córdoba, que se destaca en los Palacios Municipales de Carhué, Chascomús, Guaminí, Pellegrini, Rauch, Tornquist, Puán, Alberti, Laprida, Adolfo Gonzáles Chaves, Vedia y Coronel Pringles, y en los cementerios de Azul y Saldungaray. Sus obras son testimonio, ejemplo e inspiración de la obra pública en y para la Provincia de Buenos Aires.


Esta misma ciudad de Chascomús es origen y modelo de planificación y desarrollo de políticas públicas en cultura a partir del proyecto sostenido en el tiempo de la Orquesta-Escuela de Chascomús primero y de la Fundación del Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de la Argentina después.


La capital de nuestra provincia, la ciudad de La Plata, es orgullo urbanístico de todos los bonaerenses, y de todos los argentinos, ya desde los días de su fundación por Dardo Rocha, en base a los planos de Pedro Benoit. Nuestra capital, producto de las luchas por la federalización de Buenos Aires, tiene la peculiaridad de su universidad, sus museos, sus teatros, y desde sus mismos comienzos fue relacionada con las filosofías que recorrieron aquella época, las del positivismo en primer lugar. Así como no conviene esbozar anatemas apresurados, tampoco debemos ignorar que La Plata contuvo el gran debate filosófico nacional a principios del siglo XX, entre positivistas y antipositivistas. Ni los primeros deben ser condenados ahorrándose la dificultad de leerlos, ni la memoria del antipositivista Alejandro Korn debe ser abandonada. Los trabajos de Florentino Ameghino, uno de los sabios de esta ciudad, aunque parcialmente desactualizados, no deben ser ignorados. Donde hay nombres hay historias y donde hay historia hay tensiones.


Somos una provincia con un número creciente de universidades públicas. Con la reconquista de nuestra democracia el gran Buenos Aires se pobló de casas de estudios, con las universidades de Quilmes, San Martín, General Sarmiento, Tres de Febrero, Moreno, La Matanza, José C. Paz, Florencia Varela, entre otras. Concebimos la labor de todas las dependencias de Cultura de la Gobernación en diálogo permanente con nuestras Universidades, con sus profesores y sus estudiantes, con sus graduados y trabajadores no docentes, con el desarrollo de la ciencia y el pensamiento crítico.


Somos, dijimos, un pueblo orgulloso de sus realizaciones, de las que emergen de su memoria y sus conflictos, de las que conforman nuestro patrimonio inmaterial o se encuentran inscriptas en tesoros materiales. Nuestro Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo de la antigua ciudad de Luján es un ejemplo de ello. Nuestro Archivo Histórico, nuestra Biblioteca Provincial y nuestras bibliotecas populares, en cada municipio, también lo son.


En cada ciudad, y en muchos pueblos de la provincia, encontramos aquí y allá también un teatro, un viejo cine, un club social y deportivo, una peña o una fiesta popular. Son presencias culturales que nos atraviesan a todos, y que le dan, a su vez, un carácter distintivo a cada comunidad.


Somos herederos de una historia y un legado muy valiosos, pero no podemos desconocer que la situación de las instituciones y los organismos culturales de la Provincia de Buenos Aires hoy es crítica.


La Provincia cuenta con una infraestructura deteriorada en sus museos, teatros, bibliotecas, y organismos diversos sustentados en base al esfuerzo de todos, pero muy especialmente sostenidos por trabajadoras y trabajadores con salarios devaluados, con un presupuesto para toda el área de cultura de la Provincia de Buenos Aires durante años a todas luces insuficiente.


Se trata de reconstruir entre todos estructuras que se encuentran dañadas, degradadas por la desidia y la falta de inversión consiguiente.


Sabemos que las tareas son muchas, y que las soluciones no serán instantáneas ni simples.


Somos conscientes de que se requerirán renovados esfuerzos compartidos y grandes debates de ideas que nos permitan afrontar los desafíos comunes, para imaginar nuevos proyectos, diseñar programas, planes de acción y sostener nuestros compromisos para cumplirlos.


Estamos comprometidos en la profundización de la cultura plural, diversa, solidaria y participativa, que es la cultura de la democracia, y en esta ciudad de Chascomús agradecemos el ejemplo del Dr. Alfonsín en ese sentido. Nuestro propósito es ser receptivos, de escucha atenta y abierta a todos los aportes que contribuyan a vigorizar las políticas culturales en el ámbito provincial. No estamos en el Gobierno creyendo tener de nuestro lado ni una verdad revelada ni la solución definitiva para problemas que llevan años e incluso décadas sin resolverse. Creemos sí que las entidades de la sociedad civil, los centros culturales, las bibliotecas populares, las asociaciones de artistas, los sindicatos, son actores indispensables, asociados a la labor del Estado, tanto para la planificación como en el desenvolvimiento cotidiano de las políticas. Todas las expresiones de la diversidad forman parte ineludible del entramado cultural de la provincia. Resulta necesaria la participación de las nuevas generaciones, con sus aportes audaces y disruptivos, de los nuevos colectivos sociales, tanto como la de aquellas personas que han transitado años de experiencias y pueden hoy transmitirnos su sabiduría. Somos contemporáneos de una profunda modificación de la vida social, contemporáneos de las nuevas culturas juveniles, de las batallas del free style y de la insurgencia de los colectivos feministas que están construyendo una estética y una cultura propias.


Estamos persuadidos de que una parte importante del proyecto cultural integral que requiere la provincia de Buenos Aires abarca el compromiso de todos con la recuperación del Teatro Argentino de La Plata. Sabemos que el camino es largo y complejo, pero tenemos la voluntad de abrir nuevamente las puertas del Teatro Argentino a todos los vecinos de la Provincia. Una provincia es un gran teatro, pero nuestra provincia contiene en el eje de su ciudad capital al gran Teatro Argentino. Por eso, no hay proyecto cultural posible para la provincia de Buenos Aires si desconocemos la importancia, la historia y la necesidad de reactivación del Teatro Argentino de La Plata, una de las principales instituciones culturales de la Nación.


Estamos aquí también con la vocación y la decisión de trabajar para la recuperación del anfiteatro del lago de la ciudad de La Plata. No puede continuar la desidia con que han sido tratados los principales espacios y dependencia del gobierno de la Provincia durante los últimos años. La restauración y reapertura del anfiteatro Martín Fierro debe comprometernos también a todos, incluidas las asociaciones civiles, las autoridades provinciales y municipales. No pueden prevalecer las mezquindades partidarias ni el pillaje político cuando se trata del patrimonio común, de los grandes símbolos de nuestra cultura, de las memorias y del futuro de nuestro pueblo.


Sabemos que la tarea es muy compleja y que no se resuelve de un día para el otro. Sabemos también que el camino que queremos transitar en estos años es junto a todos los trabajadores de la cultura y junto a todos los bonaerenses, junto a músicos, bailarines y cantantes, junto a los artistas plásticos, los dramaturgos y los actores, junto a los profesionales y a los técnicos, junto a quienes cada día abren la puerta de las oficinas y atienden al público, junto a quienes trabajan para garantizar la higiene y la seguridad de todos.


Queremos trabajar con los diversos mercados culturales y contribuir a su potencia y desarrollo. Confiamos en la riqueza cultural de cada ciudad, de cada municipio, de cada pueblo, de nuestras fiestas tradicionales y populares. Creemos que el Estado debe estar allí presente para potenciar esa riqueza, para brindar herramientas para que los artistas, los gestores, los productores y desarrolladores de proyectos culturales puedan crecer en la provincia y hacerla crecer. Un mejor y mayor despliegue cultural genera nuevos polos de actividad y crea puestos de trabajo. También, sabemos, el desarrollo de la cultura y el turismo pueden desplegarse virtuosamente en conjunto como lo demuestran los casos de San Pedro y Tandil, de San Antonio de Areco y Mar del Plata, de la propia Chascomús.


Estamos comprometidos con toda campaña de promoción de la lectura así como con la democratización efectiva del acceso al libro. El gran Buenos Aires es sede de algunas de las mayores y mejores imprentas del país. Trabajaremos desde el Ministerio de la Producción para reactivar esas fábricas de cultura, junto a los gremios gráficos, junto a los trabajadores, junto a los autores, correctores, traductores y editores. Somos como provincia una potencial república de lectores. Y a mayor lectura, menor injusticia social.


El Gobernador de la Provincia ha declarado al presente año 2020 como el ¨Año del Bicentenario de la Provincia de Buenos Aires¨. Se cumplen 200 años del inicio del proceso de formación de Buenos Aires como provincia autónoma y soberana. 200 años de la batalla de Cepeda, de la renuncia del Director supremo José Rondeau y de la disolución de las autoridades centrales. Se cumplen también 200 años del surgimiento de la junta de representantes, institución característica del gobierno federal, formadora de la autonomía de la provincia de Buenos Aires. Doscientos años de aquel turbulento 1820, en que se sucedieron como gobernadores Miguel de Irigoyen, Manuel de Sarratea, Ildefonso Ramos Mejía, Estanislao Soler, Manuel Dorrego y Martín Rodríguez. Doscientos años de la firma del tratado del Pilar, origen de los ¨pactos pre- existentes¨ mencionados en el preámbulo de la Constitución Nacional. Allí se sientan las primeras bases del federalismo argentino y del desarrollo de las provincias como entidades autónomas. Hoy el bicentenario es una oportunidad para volver a pensar sobre nuestra Provincia, para reflexionar sobre su compleja historia, sobre sus múltiples identidades, sobre su relación indivisible con la ciudad y puerto de Buenos Aires; una oportunidad para tratar de comprender mejor las dificultades del presente y perfilar los proyectos colectivos que se requieren para la construcción de una Buenos Aires futura.


Quiero mencionar, antes de terminar estas palabras, un nombre imprescindible para cualquier recorrido histórico por la provincia de Buenos Aires, y es el de Juan Domingo Perón. Nacido en la provincia, al igual que Evita, en nuestro territorio descansan sus restos. La Gobernación tiene entre sus responsabilidades la dirección del Museo Histórico de la Quinta de San Vicente y el Museo y Biblioteca Juan Domingo Perón de Lobos. Allí también nos aguardan importantes tareas de mantenimiento y restauración, de preservación de la memoria, y de recreación de viejas y nuevas lecturas. El camino desde Berisso, la vieja ciudad frigorífica, a la Plaza de Mayo, es una ruta sostenida por lo más creativo y movilizador de la memoria pública y democrática argentina.


La cultura, sabemos, la hacen los hombres y las mujeres, y trasciende las construcciones y dependencias oficiales. Crece en los clubes de barrio y se desarrolla en las escuelas y en las calles. Brota en las esquinas de nuestros pueblos y arrabales y se multiplica en espacios tan diversos como las plazas y los bares, en las salas de cines y los comedores comunitarios, en las orquestas infantiles y juveniles y en los sindicatos. Son los artistas, los artesanos, los trabajadores de la cultura, los diversos colectivos sociales, quienes sostuvieron, sostienen y avivan hoy la llama encendida de la creación y la transformación social, quienes insisten en la búsqueda de nuevas preguntas y abren el horizonte de producción a nuevas oportunidades. Pero no es lo mismo trabajar con un Estado ausente que con el Estado presente. Son las políticas culturales las que pueden potenciar esas experiencias y labores, garantizar herramientas, abrir canales para la circulación de obras, generar nuevos puestos de trabajo y mejorar condiciones laborales, potenciar las diversidades culturales y promover a un mismo tiempo la recreación de las organizaciones en el territorio y la integración identitaria. Es la política cultural del Estado la que debe generar nuevos ámbitos de reflexión común entre autoridades, trabajadores y ciudadanos, sobre las numerosas formas de expresión cultural que han forjado una provincia de una complejidad y heterogeneidad que es la propia de los grandes desafíos. Se prolonga en el mar, se baña en sus ríos, se asombra de sus sierras que conviven con su llanura y, sobre todo, percibe a cada paso, en cualquiera de sus caminos, las huellas de sus historias, de sus lanzas, de sus ponchos, cruces de riachuelos y gritos de combate, que han dado y seguirán dando trabajo a nuestros historiadores.


La provincia de Buenos Aires es un gran mapa que en su trazado caligráfico parece ya establecido, pero en las potencialidades que contiene, es un atlas de la memoria que aún debemos descifrar. El camino a transitar es con todos y está abierto a todos. Contamos con los bonaerenses que quieran sumar esfuerzos por volver a poner a nuestra provincia de pie. Que entiendan que la cultura es un campo gravitante para la revitalización de la comunidad provincial. Todas y todos estamos convocados por las urgencias de la hora y la gravedad de la situación que debemos afrontar. Si la cultura son obras y conocimientos hacemos entonces un doble llamado: a recomponer nuestras instituciones culturales y a producir nuevas obras y nuevos conocimientos para que el porvenir de Buenos Aires se exprese en los términos de la justicia, del arte y de la emancipación.


Ezequiel Grimson

Subsecretario de Políticas Culturales

Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica

Gobierno de la Provincia de Buenos Aires


Ciudad de Chascomús, 28 de febrero de 2020

Simposio del Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Argentina “Orquestas Infantiles y Juveniles como instrumento de educación ciudadana y promoción humana”


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